Seguramente has escuchado en muchas ocasiones la expresión “memoria de elefante”.
Tiene todo el sentido: los elefantes tienen un cerebro enorme y muy desarrollado, el más grande de los mamíferos terrestres (unos 5 kg).
Su lóbulo temporal, —relacionado con memoria y aprendizaje— es especialmente grande.
Son capaces de recordar rutas y lugares durante décadas. Los elefantes se mueven por la sabana buscando alimento y agua.
En la naturaleza, recordar dónde hay agua en épocas de sequía es cuestión de vida o muerte.
Hay casos documentados de elefantes que recuerdan pozos y rutas que no visitan desde hace 10–20 años.
No sólo recuerdan espacios naturales, identifican a otros elefantes por el olor y el sonido incluso después de mucho tiempo sin verse, también reconocen a humanos: guardianes que los trataron bien… y personas que supusieron una amenaza.
Las matriarcas (hembras líderes) almacenan recuerdos de peligros, patrones de depredadores y zonas donde hubo problemas, esto les permite tomar decisiones más seguras.
En un estudio de la Universidad de Sussex, las elefantas matriarcas pudieron distinguir la voz de distintos grupos humanos y reconocer cuáles eran peligrosos.
Elefantes en reservas han reconocido a cuidadores años después de separarse.
Es exagerado decir que nunca olvidan, pero sí olvidan mucho menos que la mayoría de animales y su memoria es clave para su supervivencia.
Esta es la memoria de los elefantes, adaptados a su medio.
El cerebro humano no está diseñado para recordarlo todo. Y no solo “no puede”… es que no debe.
Veamos si nosotros estamos igual de adaptados a la vida moderna: el cerebro está diseñado para sobrevivir, no para almacenar datos perfectos.
Nuestra memoria prioriza lo importante para la supervivencia, pero no está pensada para almacenar miles de nombres, teléfonos, visitas, tareas, propietarios, leads, horarios…
Eso es trabajo de un sistema, no de un humano.
Tu memoria es selectiva: para no saturarnos, el cerebro descarta información constantemente, cada día recibes miles de inputs y solo retienes unos pocos.
Por eso te ocurre: “Me lo dijo ayer… y ya no me acuerdo.” No es un fallo: es diseño.
La multitarea agota la memoria. Cuando haces mil cosas: llamadas, visitas, emails, conversaciones, pactos, WhatsApp, negociaciones… tu cerebro entra en modo ahorro y empieza a olvidar lo menos urgente, lo menos importante.
La memoria del elefante le permite sobrevivir en su medio; la nuestra también, pero no está preparada para algunas necesidades de nuestro tipo de vida moderna, y menos para la compleja vida profesional de un agente inmobiliario.
Tu cerebro es perfecto para pensar, decidir, negociar, detectar oportunidades… pero no para almacenar datos infinitos.
En muchos trabajos necesitas recordar técnicas, habilidades, textos… la memoria humana puede alcanzar eso, por supuesto.
Pero un agente inmobiliario tiene un trabajo complejo con infinidad de tareas, peticiones de clientes, características de propiedades, citas, plazos límites… Tratar de recordar todo es inhumano, imposible, nadie puede.
Por eso este artículo con un poco de humor…
Los elefantes recuerdan de una forma increíble, míticos en el mundo animal.
Tú no eres un elefante.
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Fernando José Simón Marta · 639415426
Responsable comercial Clickviviendas